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viernes, 4 de septiembre de 2020

24 horas en Madrid, antes de volver a casa. Abril 2016

Podría escribir miles de páginas de Madrid, porque a riesgo de sonar cliché, la siento como "mi" ciudad. Cada vez que voy encuentro algún rincón bonito, un paseo hermoso o un lindo restaurante y siempre elijo mi conexión aquí para pasar los primeros y últimos día de cada viaje. Me gusta también tomarla como base de operaciones, dada su excelente conectividad, para ir como en mi primera visita a Toledo, Ávila o Segovia, o simplemente para vivirla, como pasó el 2018, cuando hice mi pasantía en la universidad  y fui una madrileña por adopción por casi un mes. Esta fue la cuarta vez en la ciudad.

El elegido para dormir por esta vez, como iba a ser tan cortita la estadía, fue en NH Atocha, donde ya me había quedado una vez, por lo funcional de su ubicación: al lado del metro y al lado de la estación de trenes de Atocha, así que me quedó muy bien, llegando desde el aeropuerto desde Moscú y hacia Santiago al día siguiente. Tuvo esta vez, eso sí, otros dos plus: me regalaron el late check out y me dieron una habitación con vista al Parque del Retiro, con una pequeña terracita hermosa.




Me instalé y me fui a a recoger mis postales favoritas al centro y a hacer mis últimas compritas a calle Preciados, en especial las marcas que acá llegan muy caras como Desigual o las que aún no llegan como como Yves Rocher o los maravillosos pinches y accesorios de Brigitte Bijou.


Me devolví caminando desde Sol cruzando todo el Barrio de las Letras, también llamado barrio Cortes, donde me encontré con la muy animada Plaza de Santa Ana, centro y alma del barrio, presidida por la torre del Hotel Reina Victoria y que también es sede el teatro español. Me senté a comer tranquila, la verdad donde encontré lugar porque estaba llenísimo todo y, aprovechando el bullicio de la plaza llena de bares y tabernas, en plena actividad.

También aproveché de hacer una visita a la Boca del Lobo, uno de los lugares donde lo he pasado mejor bailando y escuchando música en vivo, donde alcancé a ver un poco de la banda y volví a descansar.


Al otro día, con ánimo y humor de último día de vacaciones y a punto ya de regresar a casa, partí super tarde  a mi vecino Casa Luciano, que como casi todo en este barrio data de principios del siglo XX. Sirven comida casera, por lo tanto un desayuno exquisito, al  cual le agregué churros, aunque sin chocolate.


Desde allí empecé mi caminata para encontrar los tesoros de mi vecino barrio las Letras, por eso comencé por calle Huertas, donde cómo indica su nombre estaban las antiguas tierras de cultivo de la ciudad medieval, porque esta es una de las partes más antiguas de Madrid.

Mi primera visita fue al Convento de las Trinitarias Descalzas de San Idelfonso, que data del siglo XVII, y que resultó ser un tesoro por dos motivos: el primero, porque tuve la fortuna de ver cómo se ordenaban dos nuevas religiosas, provenientes de Bolivia y Ecuador. Cuando entré me dio mucha vergüenza, porque yo iba con otro objetivo, pero me invitaron a quedarme y fue una experiencia muy solemne y linda de presenciar en esta época en que yo pensaba que ya no quedaban vocaciones, además porque eran monjas de claustro.

La segunda razón es porque aquí se encuentra enterrado Miguel de Cervantes, el más célebre de los escritores del castellano.



Aunque todo en este barrio tributa a las letras y a los literatos del llamado siglo de oro español, dado que además se encuentra la casa de otro portento, cuya calle es de las más importantes del sitio: Lope de Vega, Cervantes es el protagonista de cada calle y esquina, formándose una verdadera Ruta Cervantina.

En el número 2 de la actual calle Cervantes (antes calle Franco) está la casa donde vivió y murió el escritor, y hoy se conmemora con varias placas recordatorias y también se encuentra en este barrio el lugar donde se imprimió el Quijote.




Las calles adoquinadas de esta parte del barrio tienen escritas en metal no sólo la indicación de los sitios más célebres, sino transcripciones de algunos pasajes de las obras más importantes del mismo Cervantes, Calderón de la Barca, Lope de Vega, José Zorrilla y Gustavo Adolfo Becquer. 


Y en las paredes, más alusiones a Cervantes.


No solo la consagración a la literatura hacen importante a este barrio, sino también los hermosos edificios, todos antiguos, los bares y las tiendas con identidad local y de barrio.


Seguí caminando hacia la Plaza Mayor para repetir mis vistas favoritas de la ciudad, en plena actividad y como siempre estaba súper entretenida (y linda).


Ya me quedaba una sola visita favorita, para completar mi día feliz en Madrid, y para aprovechar de comer algo rico y ver sus mil colores: el Mercado de San Miguel, que sé que es lugar ultra turístico, pero me gusta mucho.


Desde ahí me devolví a Sol a visitar al Oso y el Madroño y a seguir con mis últimas compras, no sin antes  honrar a mi abuelita que también amaba esta ciudad y la visitaba año a año, con su comadre Pascuala.



Ya aquí despediría mi viaje de casi un mes que comenzó aquí mismo en Madrid, siguió unos días lindos en Santiago de Compostela, visitando a mis favoritos en Valencia, donde además tuve la oportunidad de vivir las fallas, pasé por Amsterdam, Berlín y Praga, aprendiendo historia y disfrutando de su hermosura, y finalicé en Moscú, con toda su belleza y relevancia. Fue un plan B,  ante la suspensión de la pasantía que finalmente haría en 2018, pero que como todos mis viajes resultó perfecto!

Next Destination: por fin San Pedro de Atacama (era la cuarta vez y no había escrito nunca de ahí)


sábado, 9 de mayo de 2020

Viviendo Valencia en Fallas. Marzo de 2016

Después de un sentido adiós a mi ya querido Santiago de Compostela, que me conmovió con toda su historia, espiritualidad y misticismo, llegué esta vez por aire - en un vuelo de Ryan Air- a mi siguiente destino donde me reencontraría con Ana y Pedro y viviría la ciudad en su semana más movida del año, respondiendo a una invitación que me habían hecho cuando los visité el año anterior.(http://lavidaviajera.blogspot.com/2020/02/48-horas-en-valencia-por-primera-vez.html).

Nada más aterricé en el aeropuerto de Valencia y Ana ya me estaba esperando con una programación para los tres días siguientes, que incluyó como es habitual comida y bebida, pero también mucha tradición, que tuve la fortuna de vivir junto a ellos y a sus amigos, porque esta es una fiesta que se vive en comunidad, en toda la ciudad, pero con mucha identidad de barrio.

Lo primero que hicimos luego de deleitarme con el delicioso almuerzo de Ana, fue salir a recorrer la ciudad para ir interiorizándome en el ambiente Fallero, donde todos son bienvenidos, también  los turistas.



Las Fallas han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por Unesco, y se trata de una celebración de 19 días, entre el 1 y el 19 de marzo de cada año, que comprende diferentes hitos y etapas.



La tradición se remonta al siglo XV, cuando cada 19 de marzo, el día de San Josep, celebrando además la llegada de la primavera, los carpinteros del gremio quemaban fuera de sus talleres los atriles y los muebles que les servían para iluminar los espacios de trabajo en invierno, armando unas piras en la calle frente a cada taller. Desde esos tiempos se identificó la fiesta con la renovación y con los nuevos inicios.

Actualmente los días de fiesta comienzan con la Crida y la Despertá, que se celebra el último domingo de febrero de cada año, oportunidad en que se anuncia el inicio de las fallas, dándolas por inauguradas esa noche el mismísimo Alcalde y la Fallera Mayor en las Torres de Serrano.



Cada  15 de marzo se lleva a efecto la Plantá, que marca el inicio de la semana de más ferviente actividad en toda la ciudad. Todo empieza a media noche con la Nit del Alba, que anuncia el inicio con todo con un espectáculo de fuegos artificiales en la plaza del Ayuntamiento, al mismo tiempo que empieza el montaje de las figuras o Ninots por cada Comisión Fallera y el artista encargado.

Hay en cada barrio, varias comisiones y se levantan tanto fallas infantiles como fallas mayores, ambas cuales son calificadas y compiten por el honor del barrio y también  para salvar al Ninot Indultat, que es el único que no arde en la Cremá,  final de la fiesta que se celebra el día 19 de marzo de cada año.


Yo justamente llegué el día de la Plantá, así que pudimos pasear por cada cuadra e ir visitando las fallas, que son hermosas y coloridas. Ana y Pedro, me explicaban que aquellas figuras representan los acontecimientos más importantes del año, muchas veces en clave de sátira en especial a los políticos y también a la monarquía, pero también sirve de ocasión para despertar la sensibilidad en la población respecto de temas relevantes como la violencia de género, tópico elegido en 2016.


En nuestro deambular fallero recorrimos - pañuelo tradicional al cuello- los sectores más importantes de la ciudad en gratas caminatas, en las que aprovechamos también para ponernos al día de todo el acontecer familiar. Saliendo de casa, cruzamos los Jardines de Turia, levantados sobre el antiguo cause del río, donde sonaban los petardos y yo me fascinaba más y más, cuando me di cuenta que podía comprar petardos y estrellitas, que acá están prohibidas ...



Llegamos avanzando sólo unos pasos al hermoso Barrio El Carmen, donde nos recibió la falla  de Na Jordana, dedicada a los besos, en todas sus formas y que fue una de las ganadoras de esta versión.





Seguimos caminando y fuimos encontrando cantidad de Ninots por todas partes, tanto de los barrios, como de los gremios, como esta de los trabajadores de la radio.



Una de las más impresionantes para mi fue la falla de la Plaza del Pilar, primero por lo grande y hermosa, tenía 35 figuras de estética Rusa y también porque estaba atochadísimo de gente lo que hacía difícil poder admirarla en su totalidad, aunque se podían reconocer fácilmente a los personajes que la conformaban, del ámbito de la política y la monarquía.



Todo nuestro paseo por supuesto se iba matizando con varias invitaciones a probar todas las delicias tradicionales como los buñuelos, chocolate caliente y varios pescaditos rebosados también exquisitos, como para comer de pie rápido, y seguir paseando.



Otra tradición hermosa con la que uno se tropieza estos días son los muchos pasacalles que se ven, con banda de música y mujeres y hombres de todas las edades, incluso con guaguas en coche, vestidos de falleros, que caminan y bailan al ritmo por todos los barrios.




Una de las fallas más bonitas y grandes es la que se levanta en la plaza del Ayuntamiento, que no está en la competencia, y que ese año se dedicó a la importancia de la mujer y al arte fallero. La estatua enorme que tenía un corazón digital rojo que latía en su interior, y estaba hecha íntegramente en un material parecido a la paja y rodeada de varias representaciones de las construcciones más famosas del mundo, como la torre Eiffel, el David, y Lady Liberty.


En casa las cosas también estaban en "el ambiente";  Ana tiene mil detalles conmigo cada vez que los he visitado, y tiene de todo para alimentarme y consentirme: jamón del más rico (que es la única carne que como), buñuelos exquisitos del horno de abajo (que jamás me ha dejado pagar), juguito fresco de naranjas al desayuno y también mi pañuelo fallero. Entre las conversaciones, las caminatas, la sobremesa, las mini siestas y las ya tradicionales visitas a "vitrinear" al Corte Inglés de Nuevo Centro, combinábamos el plan tradición con el más familiar.




Lo más lindo de pasar esta fiesta en familia es poder vivirla desde dentro, Ana y Pedro me incluyeron además en sus planes de Verbena y paseos, pero también me explicaron cada uno de los ritos, las etapas y las indumentarias: el traje fallero, sus componentes, en especial el de las mujeres que incluye vestido y zapatos, joyas y peinado.




Los demás días los dedicamos a repasar algunos puntos más turísticos como el Mercado Central, con sus  hermosos vitrales y la Lotja de la Seda, cada uno también con sus respectivas fallas cercanas. Cruzamos el Barrio El Carmen y nos encontrábamos cada vez con los pasacalles, la música y los bailes.



También pude presenciar la ofrenda, que es una de las tradiciones más bonitas y queridas de esta fiesta, que tiene sede en la plaza de la virgen contigua a la catedral. Se trata  de la ofrenda floral que cada comisión fallera hace a la Virgen de los Desamparados, Patrona de la ciudad, representada en una escultura de madera enorme situada al centro de la plaza.



A medida que van llegando los y las falleras depositan a sus pies ramos de claveles rojos y blancos, que se van disponiendo en orden en el manto según el diseño correspondiente a ese año, hasta estar totalmente cubierto. Debo decir que este rito de la fiesta es de los más emotivos que me tocó ver, incluso algunos falleros se retiraban llorando del lugar, lo que hacía la experiencia más conmovedora.




Un paseo interesante también fue la visita a la Plaza Lope de Vega, que además de servir de sede a una hermosa falla, presume de contener uno de los edificios con una de las fachada más angostas de Europa. La "estrecha" como la llaman es hoy una tasca en conjunto con su piso vecino, pero sirvió como casa anteriormente, con sus solitos 107 centímetros de ancho. 


Esta plaza también me gustó mucho porque en ella también se encuentran los Turrones Ramos, donde casi enloquecí ... había todo tipo de turrones: de Alicante, Jijona y de nieve, además de exquisitos mazapanes. Ana compró varios mazapanes de regalo, pero tengo que reconocer que no llegaron a Chile. (Si llegaron a salvo todos los chorizos y los jamones, que anduve paseando tres semanas para que papá y Marce disfrutaran de ellos)

Desde ahí nos trasladamos caminando hacia Eixample, para disfrutar otra de las maravillas de Fallas, y que son como un sueño. La Falla Sueca Literat Azorín, es muy destacada y premiada por el espectáculo de luces que se monta cada año y que es impresionante, por su altura y también por su diseño; es un pasillo, con miles de ampolletas, que hacen figuras hermosas como de mandalas o arabescos... había tanta gente que no se podía avanzar muy rápido, lo que fue excelente porque nos permitió no perdernos detalle. 


La vecina Cuba Literat Azorín fue la que se llevó los premios ese año, es también es muy visitada e impresionante su diseño e iluminación. Estaba dedicada en esta versión a lo inapropiado del piropo y por eso se llamaba "Calla, canalla!"




Otro rito diario de las fallas es la Mascletá, que es un conjunto de explosiones de petardos que estallan a mediodía en los barrios. Nosotros asistimos a la de la plaza del ayuntamiento y también con ocasión de la Verbena a la que asistimos justo coincidimos con el sonoro acontecimiento.




La mascletá del centro es más multitudinaria y más grande, por lo que además es ensordecedora. A su alrededor hay varios puestos de comida y todo el mundo pasea muy animado. Este sector que también había visitado mi primera vez en la ciudad lucía distinto a la calle llena de comercio de marcas y hoteles, aunque siguen destacando sus lindos edificios estilo art decó.

 

La verbena es una fiesta comunitaria, que se monta en cada barrio y donde se celebra el contexto de fallas. Nosotros fuimos de día y de noche, y en ambas ocasiones se come, bebe y disfruta por igual. Acá Ana y Pedro se cruzaron con todos sus amigos y los hijos de sus amigos, muchos de ellos, en especial las mujeres más jóvenes luciendo el traje fallero, por lo que aproveché para preguntar en confianza todas mis dudas. 


Y algunos que amenizaba la velada ... muy simpática !



Otro sitio que no  tiene mucha relación con Fallas, pero se ha convertido en uno de mis favoritos de la ciudad es el Café de las Horas (http://www.cafedelashoras.com/), contiguo a la Plaza de la Virgen, que es un lugar con súper linda decoración y con una estética muy interesante y que además por lo que me contaron tiene una escena cultural muy variada, con lecturas, representaciones de teatro y mucha música bajo su hermoso cielo estrellado pintado en el techo.


Nos sentamos con  Pedro y Ana, su amiga María José y su marido a tomar la famosa Agua de Valencia, que está hecha de zumo de naranja, cava, vodka y gin, y que como todo cocktail suave, es sumamente engañador... y nos dejó bien contentos y entusiastas para seguir disfrutando.



Ya de regreso a casa, y previo paso por la verbena, donde había banda en vivo y  unos gin tonic, nos instalamos a la orilla de los jardines de Turia para disfrutar las alternativas de la Nit del Foc, última noche antes del gran cierre. Esta noche se montan varios espectáculos pirotécnicos en el Ayuntamiento y también en las Torres Serrano, que fueron los "castillos" que alcanzamos a ver y escuchar.

La tarde del día siguiente yo partiría en tren a Madrid y de ahí a Amsterdam, por lo que me perdería el broche de oro de las fallas: la Cremá, en la que emulando a los talleres de los carpinteros de antaño  le prenden fuego a los Ninots exhibidos en cada barrio, salvo los ganadores a los que se les indulta y se les lleva al museo.

Mis anfitriones estaban tristes porque me perdería el gran final, pero yo me quedé feliz porque en mi memoria estas hermosas figuras vivirían para siempre, y en realidad, porque me daba pena verlos arder ... aunque más pena y emoción me daba despedirme de ellos una vez más, aunque sin saberlo los vería más pronto de lo que pensaba el verano siguiente, cuando estuvimos disfrutando de unos días maravillosos de sol en el Mediterráneo, en su departamento de La Pobla de Farnals.

Me despedí de mi familia feliz y agradecida por recibirme nuevamente en casa y pasearme por la hermosa ciudad y por permitirme vivir de su mano la fiesta y esta maravillosa tradición de fuego y renovación, inmersa en la cultura, como no habría podido si no fuera por el cariño y las atenciones de mis anfitriones.

Next destination: Amsterdam !





sábado, 25 de abril de 2020

Santiago de Compostela en 3 días. Marzo de 2016


Llegué a Santiago de Compostela, desde Santiago de Chile, previo paso por Madrid para inaugurar mis vacaciones modificadas de 2016. La idea original era haberme ido unas semanas antes para hacer una pasantía en Madrid del Máster de Género que estaba cursando, pero como fue suspendida, cambié pasajes, acorté estadía y me decidí ir igual a explorar parte de Europa, en mi ruta que incluiría Valencia en Fallas, Amsterdam, Berlín, Praga y Moscú, (cortina de Hierro), por poquito menos de un mes.

Como tenía dos o tres días antes que empezaran las Fallas, decidí trasladarme a la mágica Galicia, a la provincia de A Coruña y conocer Santiago de Compostela, dado que hacer El Camino ha sido desde siempre uno de mis sueños, y no por sentirme particularmente Católica, sino porque pienso que hacer esta ruta, transitada desde tiempos medievales, es una manera de conocerse a uno mismo a tal punto que resume décadas de terapia y te fortalece para poder sortear con éxito cualquier cosa ... así que me parecía buena idea comenzar mi recorrido en esta ciudad llena de espiritualidad y misticismo.

Elegí para quedarme los Apartamentos Turísticos Blanco (www.blancoapartamentos.com) por precio y ubicación, además de la independencia que permite llegar y entrar y sentirse como en casa. El piso tenía cocina y un baño lindo, hasta con lavadora.




Todo en esta ciudad, listada como Patrimonio de la Humanidad en Unesco desde 1985, tributa al peregrinaje a la tumba del apóstol Santiago y a su carácter de ciudad Santa, siendo el tercer destino de peregrinación del cristianismo, después de Jerusalén y Roma.

Cuenta la tradición que la tumba del Apóstol Xacobo o Santiago que contenía partes de su cuerpo trasladados míticamente en una barca de piedra desde Jerusalén (entonces tomada por los moros) fue encontrada en el siglo IX por un pastor que vio repetidas veces varias estrellas que aparecían en la noche sobre un bosque cercano a la villa, razón por la cual la ciudad recibe el nombre de Compostela, que sería equivalente a Campo estrellado. Desde ese descubrimiento se levantó la primera iglesia por orden del rey convirtiéndose en ruta de peregrinaje de reyes y obispos, y de figuras tan relevantes como el mismísimo San Francisco de Asís.


Nada más me instalé en el departamento, recién llegada del aeropuerto y salí a caminar y recorrer mi barrio y a buscar algo para comer, dado que había estado la mayor parte del día viajando. Exactamente  a la vuelta de la esquina está la explanada de la Plaza del Obradoiro que sirve de asiento a la fachada de la Santa Apostólica y Metropolitana Iglesia Catedral de Santiago de Compostela y al Pazo de Raxoi, ambas edificaciones impresionantes, más aún de noche, por su tamaño y aura, por decirlo de alguna manera, aún estando la catedral con trabajos de restauración.



Seguí una ruta lógica hacia la Rua do Franco, arteria peatonal principal llena de tabernas y restaurantes, donde me instalé, la verdad donde estaba abierto. Fue una súper buena opción para familiarizarme con la comida Gallega, mayormente compuesta a pescado, mariscos y pulpo, además de excelentes panes, quesos y de vino rico con denominación de origen Rias Baixas, del que quedé prendada.


Mis días en la ciudad los pasé mayormente caminando de un lado para otro, reservando un solo tour  fuera para visitar el Faro de Fisterra y Muxia. El casco histórico es más bien pequeño y gira en torno a la Catedral que es la gran protagonista y que visité por dentro, por fuera y por arriba en distintas oportunidades. Tomé el free tour de día y de noche, donde tuve la suerte de ser la única y por eso resultó más como salir con una amiga que te muestra su ciudad. (www.freetourcompostela.com)

Todos mis recorridos los empecé en la Plaza del Obradoiro,  donde se emplaza el Ayuntamiento de Santiago, en el Pazo de Raxoi, el Hostal de los Reyes Católicos y la Catedral. La plaza, que pude ver esta vez de día, le debe su nombre a los artesanos se asentaron en la plaza para completar la magnífica fachada de la catedral, que  según se dice les habría tomado 100 años.



Resulta que en la plaza pasa de todo, están los peregrinos transitando con sus mochilas y bastones, varios grupos de escuela al parecer en paseos de curso, locales haciendo trámites en las oficinas públicas y yo sentada al sol atenta a todo lo que pasaba para no perderme detalle.


A cada paso que uno da aparece un edificio más hermoso que otro, a unos pasos de la fachada de la Catedral está la plaza de la Azabachería, y el maravilloso Monasterio de San Martín Pinario, que data del siglo X y sirve actualmente de seminario y sede universitaria.


La plaza lleva ese nombre porque en la época medieval acá se establecieron los artesanos dedicados a labrar la piedra azabache, que hasta hoy es reconocida como poderosa protectora contra las malas energías y mágica. Hoy hay varias joyerías que venden pequeñas piezas talladas , yo le compré a mi mamá- la más pía de la familia- una conchita de vieira, símbolo de los peregrinos, pero también era muy popular la figa, o mano protectora, además de algunas figuras de la mitología celta.


El Hostal Dos Reis Católicos, situado también en la zona, fue en su tiempo un hospital levantado por orden de los reyes para asistir a los peregrinos que necesitaban atención médica, hoy es un Parador bastante lujoso para pasar unos días en la ciudad.



Pude visitar el parador en su interior para poder probar la Tarta de Santiago, una de las delicias locales, hecha de almendras, huevos y mucha azúcar, con una textura más bien seca, pero con gusto exquisito del mazapán.

Aproveché mi soleada mesita para avanzar en mi lectura del libro "Bueno, me largo", de un alemán llamado Hape Kerkeling, que completó el camino y escribió este libro inspirador, aunque bastante estereotipado cuando habla de los no europeos, especialmente de las mujeres latinas. Después el libro se  hizo película, igual de emotiva que la cinta The Way, protagonizada por Martin Sheen y Emilio Estévez. Hay varios libros que cuentan sobre el camino, de los más conocidos es el de Shirley MacLaine y el de Paulo Coelho, todos quienes en su época han inspirado a sus connacionales para aventurarse cuando sintieron el "llamado" del camino (después de leer los tres, ese es el denominador común que encontré)


Rodeando la Azabachería y también el edificio de la Catedral se llega a la Plaza de Quintana, que permite ver toda la cabida de la catedral, porque no es sólo la fachada si no que se compone de varias piezas, que la hacen crecer hacia los lados, hacia atrás y hacia arriba con detalladas torres que se pueden admirar desde las escalinatas de esta plaza, que domina todo su costado, y donde se pueden aprovechar además los rayos del sol.


Esta plaza es muy importante, porque precisamente el año 2016 el Papa Francisco  había decretado que sería  un año de Jubileo extraordinario (hay año del jubileo, Xacoveo o año santo cada vez que el 25 de julio cae día domingo, o sea, ocurre 14 veces en un siglo), lo que implica que cada quien que entre en la Catedral por la Puerta Santa, se confiese y comulgue obtendría la indulgencia plenaria, o  sea, el perdón de todos los pecados.

La Puerta Santa permanece cerrada y tapiada, y cada 31 de diciembre del año santo, se derriba su tapia y queda abierta durante todo el año para ser cruzada por los peregrinos, hayan hecho o no el camino, recibiéndolos el mismo Apóstol Santiago, junto a sus dos discípulos, quienes presiden la puerta desde su arco.


Tras dar una vuelta más al edificio catedralicio, se puede admirar la torre del reloj, también llamada la Berenguela y la plaza de la Platería, donde se sitúa la Fuente de los Caballos, el cabildo y también la tienda de la catedral donde están todos los libros, guías y documentales sobre el camino, y precisamente donde compré el de Kerkeling.



Después de rodear la Catedral y medirla desde fuera, recién ingresé para ver su interior y sólo puedo decir que como toda catedral española que conozco es impresionante y enorme, la nave central es amplia y alta y el altar muy dorado, tributando al estilo barroco. Está rodeada por muchas capillas y oratorios y tiene construcciones de varias épocas, en que se ha ido ampliando y restaurando.



El altar mayor también es impresionante, todo barroco y dorado.



Detrás del altar mayor y debajo de él está el antiguo sepulcro donde se puede "visitar" las reliquias del apóstol, en un mausoleo subterráneo, que es precisamente donde se escondieron sus restos para protegerlos de los ataques piratas del siglo XIX. Este lugar es de mucha devoción, en especial cuando llega algún peregrino que ha concluido su camino personal y viene a presentarse, además para dar el tradicional abrazo al Apóstol.




Pero sin duda el elemento más peculiar de esta catedral es el enorme Botafumeiro que cuelga de sus techos, y que quema incienso en cada misa de fechas especiales con su metro sesenta centímetros volando a gran velocidad, siendo tirado con una polea y varias cuerdas por 8 personas. Lo divertido es que se cuenta que su tamaño no podía ser otro  para poder disimular el olor de los peregrinos que concluían un camino de varias semanas.


También se pueden hacer otras cosas en la ciudad que no estén relacionadas con la Catedral o los peregrinos. Desde la Plaza del Obradoiro, se puede elegir  caminar hacia ambos lados; si giras hacia la derecha está la Rua de Franco y la Alameda, porción más moderna de la ciudad, donde están los restaurantes y más comercio, si en cambio giras a la izquierda te encuentras con las instalaciones de la universidad y el mercado de abastos.

Caminando sin rumbo hacia el lado izquierdo esta vez encontré la Plaza Cervantes, donde antiguamente se reunía en pueblo en sus actividades sociales y políticas y donde tuvo su sede la inquisición.



A unas cuadras está el Mercado de Abastos, donde se puede admirar no solo el edificio, y como transcurre la escena más local, sino encontrar los más frescos productos y degustar en los restaurantes todas las delicias locales, en especial el pulpo y los pescados.



De mis productos favoritos, que además compré para llevar de regalo a Valencia donde iría días después a celebrar Fallas con mis primos, estaban el Queso de Tetilla, que tiene denominación de origen, y que se llama así por su forma cónica, y el O Cebreiro, que es como el queso fresco, también con D.O. 



Hacia el lado derecho de la parte trasera Catedral, se pueden recorrer la Rua Nova y llegando a la Alameda, se encuentra la Entrerrúa que es un callejón estrechísimo cuyo ancho apenas deja transitar a una persona a la vez.



Por la Rua Nova se encuentra también la Iglesia de Santa María Salomé, consagrada a la madre de Juan Bautista, y que se caracteriza por tener en su puerta una estatua de la Virgen embarazada.



Saliendo de la ciudad vieja o casco histórico se puede caminar hacia la plaza Galicia, donde está situado todo el comercio más moderno y donde se puede tomar el shuttle al aeropuerto, o simplemente cruzar la calle y caminar hacia el Parque de la Alameda.


El parque es enorme y bello, su principal visita es la estatua de "las Marías" que inmortaliza a dos hermanas que vivían en la ciudad en tiempos de Franco y salían vestidas de manera muy excéntrica a las dos de la tarde cada día, para ser vistas por todos, en especial la gran cantidad de estudiantes que circulaban a esa hora y hoy están ahí para tributar a su libertad y rebeldía, a pesar de los horrores que les tocó vivir.



La única salida que hice de la ciudad fue para conocer Fisterra o Finisterre, el fin del mundo para los antiguos y Muxia, para ello contraté un tour en @tourgalicia (www.tourgalicia.es), quienes  me llevaron a mi y a una peregrina Alemana, que había iniciado su camino en León, y ya cansada quiso transporte para llegar a este mítico lugar.

El viaje a Muxia tarda un poquito más de una hora, y atraviesa un paisaje hermoso, en partes parecido al sur de Chile, y en partes te hacían olvidar que estábamos en España, porque hay que decirlo, Galicia tiene identidad. Pasamos por pueblos pequeños y varias colinas, impresionándome unas pequeñas construcciones que parecían a lo lejos pequeñas capillas de piedra, pero que en realidad son graneros, como comentaba el guía Miguel, llamados Hórreo, montados sobre pilotes de piedra y coronados con una cruz, que estaban regados por todo el camino, junto, casi a cada casa.





Llegamos a Muxia, situada en la afamada Costa do Morte y nos trasladamos de inmediato a la iglesia Santuario da Virxe da Barca, erigido en el lugar donde se le habría aparecido la Virgen al apóstol Santiago, flotando en una barca de piedra, cuando éste predicaba el evangelio en los entonces territorios del imperio romano.



La iglesia es más bien nueva, reconstruida luego de haberle caído un rayo, pero no por eso dejaba de ser solemne y significativa además por estar a la orilla de ese mar inmenso y bravo.


Luego paramos en una playa intermedia, donde los peregrinos se cambian de ropa y dejan los botines, para llegar purificados a Fisterra, sin embrago esta práctica, al igual que la antigua quema de las ropas, es desaconsejada en la actualidad por el impacto que pueda tener en el ambiente y respecto del fuego, por lo peligroso que es.



Finalmente llegamos al kilómetro 0 del camino de Santiago y fin de la peregrinación para muchos, a pesar que el diploma ya lo dan en la ciudad de Compostela.



El faro de Fisterra está situado en el cabo del mismo nombre, ha sido testigo del imperio romano, de batallas y naufragios y del fin de miles de peregrinajes. Permite una vista amplia al atlántico, enorme y bravo en este sitio, siendo además punto final de la Costa do Morte.


El tiempo en este lugar pasó despacio, caminamos de un lado al otro del faro, disfrutando de la paz y del paisaje hasta que llegó la hora del atardecer que fue impactante, no sin antes disfrutar del grupo de cabritas que comía tranquila pastitos de la orilla del cabo.


Está también como testigo de cada atardecer el monumento a la bota del peregrino, hecho de bronce, en homenaje a quienes completaron el camino en este sitio.



De regreso a la ciudad y en otra jornada decidí visitar las cubiertas de la catedral, que es la única actividad con pago relacionada con ella. Se ingresa por el Palacio Arzobispal, también incluido en la visita y sirve especialmente para obtener una vista 360 grados de la ciudad y para ir distinguiendo cada edificio y torre que sucesivamente le han dado la gran cabida que tiene actualmente la catedral. 



Lo bueno es que en este recorrido se pueden admirar con más detalles las torres, como  la Berenguela o del Reloj.



Y también se pueden admirar las plazas de la Platería, del Obradoiro y de la Quintana, en toda su dimensión y movimiento.




Una de las pocas actividades nocturnas que en mi visita hice además de salir a comer a Rua do Franco, bastante al asar, fue tomar el free tour nocturno, llamado Santiago Mágico, conducida por Sonia una guía muy amorosa y simpática, y yo suertuda, porque tuve un tour privado.

Partimos a las 20:00 en la plaza del Obradoiro, donde me volvió a presentar todos los edificios, esta vez iluminados, además de muchas leyendas de la ciudad, incluidas historias de hechiceras o Meigas, muy presentes en el folklore Gallego. 

Rodeamos la catedral por sus plazas y nos detuvimos en la Quintana, que tenía un célebre habitante nocturno: el peregrino, que aparece en las sombras, una vez que el sol se pone. Hay varias leyendas sobre su origen: que es alguno de los peregrinos enterrados en la misma plaza que era antes un cementerio, y una más romántica sobre un cura enamorado que quiso escapar con una monja para vivir su amor prohibido y ella nunca llegó, por lo que aún la espera.



Seguimos la caminata por la Rua Nova, con sus lindos portales y nos devolvimos a la Rua do Franco, para visitar la Capilla contigua a la Fuente del Franco, donde tiene lugar otra leyenda relacionada con el traslado de los restos del apóstol y su entierro en esta ciudad. Hoy es una capilla donde está el mismísimo Santiago ataviado como peregrino y que pasa súper inadvertida para el visitante.


Ya habiendo hablado de lo humano y lo divino, solo nos sentamos a tomar un café para seguir con la conversación, en uno de los lindos cafés cercanos al Palacio de Fonseca.




Terminados mis 3 días en Santiago solo puedo decir que quedé con ganas de volver, quizás, por qué no, caminando como peregrina... tal vez es verdad que el camino te llama, y a mí, al menos siempre me llega un artículo, una foto o una película, como parte del misterio. 

Me gustó muchísimo esta ciudad y su ritmo espiritual, sin ser "pechoña" como se dice acá. Valoro mucho que, a diferencia de sus predecesoras ciudades santas como Roma y Jerusalén, acá la espiritualidad es una cosa personal y no institucional, por lo que no se vive como un dogma, sino como cada uno lo quiera vivir, y en ese sentido, también me sentí bienvenida, 

De acá partiría en mi vuelo de Ryan Air directo a Valencia directo a vivir las Fallas.


Next destination: Valencia