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jueves, 14 de agosto de 2014

Día 32: De compras y Templos por Bangkok y despedida.

Esta mañana decidí probar otra alternativa de desayuno en el Millemium Hilton (el bufete  del día anterior estuvo bueno y abundante, pero no de mi entero gusto), así que me trasladé a The Lantern,  que es una cafetería preciosa situada también dentro del recinto, con una excelente decoración y lleno de detalles.

Pedí un café, mas una porción de galletas y un pastel pequeño de frutilla, tan lindo, que daba pena comerlo.




Después del breve desayuno, y ya reunida con Mariela, salimos a hacer algunas visitas a los últimos lugares de interés para nosotras, reservando tiempo para unas compras y una masaje de despedida, of course.

Empezamos el recorrido matutino en el barrio Chino donde se ubica el Wat Traimit,  el que alberga al célebre Buda Dorado.

 



La estatua de este Buda, que pesa 5.5. Toneladas de oro macizo, y mide casi 3 metros de altura, presumiblemente proviene de la antigua capital Ayutthaya, permaneció por años tapado en un estuco para camuflarlo de los invasores.

Anduvo circulando algunos años, en dependencias menores, porque no era muy estético y ahí permaneció …



La leyenda cuenta que una vez trasladado Buda a este templo, habiendo permanecido solo bajo un techo de lata, se dañó un día por casualidad con una grúa, accidente que le produjo unas grietas a través de las que dejó entrever su brillante color dorado y fue así como en el año 1955 salió a la luz en todo su pasado esplendor, convirtiéndose en la estrella del lugar.




El Buda permanece brillante y sereno a la vista de los visitantes y fieles que lo visitan y ofrendan…




Saliendo del templo de varios niveles, caminamos entre los templos secundarios, los que encontramos también en pleno funcionamiento.



A la salida de uno de ellos nos encontramos con unas jaulitas pequeñas de bambú, coronadas con promesa de paz y fortuna, previo pago de algunos Baths.

"In this temple you give freedom to the birds you will have good luck and happiness in your life foreverss" (En este templo tu le das libertad a los pájaros, tendrás buena suerte y felicidad en tu vida para siempre), obviamente entregamos 100 baths y nos entregaron una pequeña jaula con tres pequeños pajaritos (como un gorrión chiquito).




Nos apostamos en una orilla del templo secundario y abrimos la jaula, queriendo creer en la promesa .. los pajaritos volaron y nosotras nos fuimos más que conformes.



La verdadera historia cuenta que esta turistada es una estafa: los pajaritos están adiestrados para volver, por lo que no les dan ninguna libertad, sino solo una ganancia a quienes los manejan ... la magia está en creer dicen por ahí ...  yo decidí comprarme la promesa.

Nos quedamos un buen rato para ver el ritmo del lugar, acercándose esta pareja de vendedores, que vendían unas imagenes de Buda, estampadas a super buen precio, y unas carteras con estampados de elefante de lo más coquetas, con las que nos tentamos. (Más tarde en el mercado frente a Wat Arun las encontramos más baratas eso sí). 


Terminada la visita nos movimos, en taxi, hasta el siguiente icono de nuestro recorrido: Wat Saket, cuya particularidad es estar situado sobre una colina artificial de unos 60 metros de altura.

Subimos sin ya mucho entusiasmo los 318 escalones de la colina “dorada”, lleno de ruedas de oracion y campanas, y llegamos a la cima, donde hay varios Budas.



La vista 360º de la ciudad hace que el esfuerzo valga absolutamente la pena, sobre todo porque Bangkok es tan plano, que en realidad esta colina (y también los edificios altos en los que estuvimos) sirven para hacerse una idea de su inconmensurable extensión.


Sirviendo también de inspiración a los artistas que se ocupaban en inmortalizarla... 



Saliendo de allí nos fuimos nuevamente al sector de Siam, para visitar el más grande centro comercial, y  uno de los más variados, aunque sus productos no parecían de tan buena calidad, se trata del MBK Shoping Center, con sus  casi 2000 tiendas, mayormente ropa, carteras, artículo de cuero, pero era tanta la oferta que causaba confusión.

Decidimos ir nuevamente a Central World a repasar algunas compras, y nos separamos.

Yo decidí regresar a uno de mis lugares favoritos en la ciudad- si no el que más- Wat Pho, a despedirme del más lindo Buda Reclinado, presentándole mi mayor gratitud por este viaje, que abrió aún más mi cabeza y corazón … lo contemplé bello e impasible hasta casi la hora que cerraron...



Después de esta visita, me fui directo a la escuela de masajes que funciona dentro del templo, y que habíamos probado la primera vez que estuvimos allí, unas semanas antes … como siempre un agrado el masaje y una de las cosas que más extrañaría de vuelta a casa.

Una vez terminada mi despedida del masaje, caminé hacia el río, donde funciona un mercado con varias tiendas destinadas a vender cuanto ungüento exista, para todos los males habidos y por inventar.

Compre varias pomadas para masajes (verdes mentoladas) y unos bastoncillos de madera para tasajear los pies, que vienen con un mapa de la planta, y su correlación con los órganos del cuerpo, para una versión casera de reflexología.




Luego, anduve dando algunas vueltas por el sector, lleno de locales con productos para el cuidado del cuerpo y la salud, y mas escuelas de masajes que prometen confort vía contorsión, como el dibujo, que no resulta nada exagerado ...



Y ahí me pilló el atardecer en la puerta del mercado de Tha Tian, al lado del embarcadero del mismo nombre, donde me quedé disfrutando de los colores con vista al muelle, hipnotizada, y sintiendo que todo- incluso el transito non stop del río- se hacia mas lento.



Una vez finalizado uno de los instantes más lindos de la ciudad, me devolví al mercado a buscar los últimos regalillos, a estupendos precios … (los mismos Budas estampados y monederos y carteritas con elefantes estampados que compramos a la parejita más simpática en la mañana)




Regresé al hotel vía rio, recogiendo las más lindas postales nocturnas, incluyendo el vecino Wat Arun, del que también me despedí.



Una vez reunidas con Mariela, regresamos al mercado nocturno de Patong y a dar una vuelta por Nana, con su locura nocturna y celebramos allí nuestro viaje, felices y agradecidas….

Al día siguiente partiríamos de regreso a Santiago vía Paris, y nos esperaban casi 24 horas de viaje para regresar a casa, con el corazón lleno de imágenes y enseñanzas, sobre esta porción de Asia que nos recibió con los brazos abiertos, la aceptamos tal cual, con sus contradicciones incluidas,  trayéndome las más lindas sonrisas, la delicadeza de las personas, y sus reverencias … feliz, feliz, feliz !




Next destination: Panamá !!!

lunes, 4 de agosto de 2014

Día 30: Re recorriendo Bangkok (Klongs y Mercados Nocturnos)


Amanecí temprano, con  la mejor vista de la ciudad y con muchas ganas de recorre y de desayunar, cosa que no resultó barata en el Hilton Milleniun, donde, con todo lo pituco, el desayuno no está incluido.



Pagué digna los dólares que costaba el buffet, el que disfruté largamente en la terraza a la orilla del rio… la temperatura se iba tornando apenas soportable a medida que iba elevàndose lentamente el sol sobre nuestras cabezas.






Salí al embarcadero donde conseguí negociar un long tail boat para recorrer las porciones del río Chao Phraya que me faltaban, sobre todo sus recovecos- llamados Klongs- los que se mantienen casi fuera de la ruta del gran turismo, por lo que algo de vida “regular” ofrecen aún.



El recorrido dura  horas. Al inicio mi conductor me mostró el mapa del recorrido e indicó que íbamos a ir a cargar combustible primero, así que nos desviamos a la estación y empezamos a introducirnos en estos laberintos de agua.




Estos canales, cada vez más escasos, que en su origen sirvieron al transporte de mercancías, hoy sirven de arteria y asiento para casas, templos y negocios, con cables de alumbrado y todo.




Transitamos lento, recogiendo vistas de la vida normal, incluyendo baño de inmersión, lavado de prendas, algo de cocina, además del comercio, en las orillas y en el canal mismo, por unas pocas señoras que nos dieron carrera unos momentos para lograr venderme una bebida para mi y mi conductor.





Pasamos por el Templo Bang Sao Dhong, donde mi conductor me indicó que había que alimentar a los peces “for lucky”… sin dudarlo me acerqué a una persona que estaba en el embarcadero, quien me dio unas rebanadas de pan de molde que los peces, sobre alimentados, casi me arrebataron de las manos… saltando y dándose vueltas fuera del agua… (previa pequeña donación a la causa, of course)





Seguimos recorriendo, hasta completar las dos horas, por canales que se iban abriendo en una red enorme.





Regresamos vía el gran rio, con las mejores vistas de la ciudad, sobre todo del bello Wat Arun, que se imponía al transito non stop.
… y a gran velocidad, salpicando agua para todos lados ...

Me despedí feliz y agradecida de mi conductor en el embarcadero del hotel, quien me hacia mas reverencias aún con su Pepsi en la mano.



En ese rato, antes de almuerzo, hora en que quedamos de reunirnos con Mariela, me dediqué a recorrer el hotel que es realmente una maravilla.

Visité el patio donde está el árbol sagrado, lugar de meditación y silencio, lleno de coloridos paños, la casita de los espíritus y el maravilloso spa, a precios de lujo eso si.


Subí a la piscina, que en realidad es una playa, tal cual, con arena y todo… además de ser un lugar precioso permite las vistas al Skyline y al rio, y lo más importante, sirve para enfrentar el calor que a esa hora ya se hacía un poco insoportable.   




Ya reunidas cruzamos el río en la lanchita que proporciona nuestro hotel,  hacia a la estación de Skyline, donde abordamos para ir de compras.



El metro muy ordenado, limpio y lo mejor con aire acondicionado.


Nos bajamos en el sector de Siam, repleto de malls y centros comerciales, desde los más lujosos, a los baratos, pasando por los más normales, con los que nos quedamos nosotras.



 

Partimos por Central World, que es enorme, reconociéndose como el tercer mall más grande del mundo… nosotras recorrimos solo algunas partes, focalizándonos en las tiendas más europeas a súper buenos precios y a Jim Thompson, donde compramos varios regalos de sus maravillosas sedas.


Visitamos también cada tienda de productos para el pelo y la piel, está lleno de buenas ofertas sobre todo en maquillaje. Casi todos los consultores son ladyboys, quienes nos ayudaban a elegir colores y aconsejaban sobre el cuidado de la piel. (The Body Shop y Benefit muy barato)


Caminamos hacia el vecino mall Paragon, de lujo, lujo, pero con una zona en el piso subterráneo lo más foodie que he visto, estaba lleno de restaurantes y cafes de cien variedades.

Mi favorito fue The Mandarin Oriental Shop, un café muy refinado, sede del lujoso hotel del mismo nombre.



La tienda es pequeñita pero con una selección de pasteles y sándwich, lindos y muy ricos (o “mouth-watering homemade delicacies”, según su propio folleto).

Yo pedí café, finger sándwich, de tres panes de molde (integral, pimentón y albahaca), rellenos con queso y atún, realmente ricos y bonitos y un macarrón de lujo, a un precio bastante correcto. 


Salimos ya de noche de nuestra jornada de compras, la falta de luz, nos permitió eso sí, maravillarnos con la linda decoracion del  patio exterior del mall.



Regresamos al hotel en metro y previo descanso y revisión de compras partimos al recorrido nocturno, de nuevo a través del barco del hotel, el que nos condujo hacia el Asiatique, mall pequeñito, situado justo frente a nuestro hotel...  con el fondo más lindo, de fuegos artificiales reflejados en el agua...



 Iniciamos la noche en el Barrio Chino, hasta donde llegamos en taxi, lleno de luces y de restaurantes, pero no muy atractivo a esa hora.



Decidimos trasladarnos hacia el mercado nocturno , también en taxi, pero nada que valiera la pena, asi que previo tuc tuc, nos movimos al Mercado de Flores, que si resultó encantador.


El mercado Pak Khlong Talat nos recibe con sus olores y colores de ensueño, las flores están dispuestas para ventas al mayor, pero también e preciosas guirnaldas color azafrán y blancas sobre hielo, para servir de ofrendas.


Paseamos tranquilas de testigos del ritmo del mercado y fascinadas con los lotos y las caléndulas en guirnaldas interminables.



Desde allí nos movimos a Khaosan Road, a buscar las maletas que días antes de irnos a la playa dejamos en Riva Surya Hotel, que nos albergó en nuestros primeros tres días en la ciudad y donde amable y gratuitamente custodiaron nuestro equipaje, para que recorriéramos el sur (Phuket, Phi Phi, Jo Thao y Kho Panghan) ligeritas de equipaje.


Nos recibió la locura habitual del barrio, lleno de mochileros y ritmo tecno, caminamos entre los pasajes,  y nos tentamos como era ya usual con un one dollar massagge


Luego decidimos descansar e ir derecho a nuestro bar favorito, el vecino del frente del hotel, Good Story Bangkok, el que nuevamente no nos defraudó, con su correcto Mojito, su estupenda atención y la  música en vivo, incluyendo un agasajo en español… la bamba!


Desde ahí, regresamos en taxi al hotel a descansar preparando nuestra ultima jornada, de compras y despedida por la gran ciudad…