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lunes, 11 de julio de 2016

Y desde Salvador: Morro de Sao Paulo ( 3D/2N) y Praia do Forte (día)

Siguiendo con el descanso de ensueño versión brasilera, desde Pelourinho, y ante la cercanía de varias playas paradisiacas, planificamos algunas visitas para los 4 días próximos ... entre las buenas posibilidades nos inclinamos finalmente por pasar unos días en el más grande mito de la desconexión y la vida playera: Morro de Sao Paulo,  el paraíso  sin ruedas, ni motores y, dejar para el regreso un día para visitar lo más cercano.

- Y nos fuimos a Morro de Sao Paulo:

Tomamos ascensor y cruzamos hacia el terminal marítimo, situado tras el mercado modelo, a abordar el catamarán  Bioutu que por 75 reales, nos conduciría al paraíso, tal como versa su oferta.



Un dato importante, si se tiene la posibilidad es empacar un bolso pequeño, y no llevar una gran maleta a Morro, como no hay autos ni motos, arrastrar una maleta no resulta fácil ni práctico (además solo se necesita un par de trajes de baño, pijama y sandalias)


Recorrimos en un viaje bien movido, los 300 kms que separan Salvador de la Isla, en un poco más de dos horas (ha sido lejos el peor viaje, en términos de movimiento y gente mareada), incluido el de Koh Samui a Koh Tao en Tailandia)



Desembarcamos en la Ilha de Tinharé en medio de una gran oferta de taxis carretillas, que no ocupamos, por el precavido dato de llevar un bolso pequeño y nos enfilamos caminando hacia la segunda Praia, sector más recomendado para quedarse, por su cercanía a bares y restaurantes.


Después de unos 20 minutos de caminata, y ya tomándole el pulso medio Hippie chic playero a la zona, llegamos al hotel  Le Terrace (www.leterrace.com.br) que previamente reservamos por Booking, a muy buen precio, y que la verdad fue una excelente opción, por ubicación, atención y porque teníamos una terraza perfecta con vista al mar y una hamaca: un sueño !



Nuestra playa era bellísima, desde tempranito, después de un copioso desayuno de frutas y juego, nos adueñamos de una reposera, con un cofre con llave para dejar las cosas, e ir y volver al agua o a almorzar.


Disfrutamos, tendidas al sol, a la sombra, en el medio del agua, a la orilla, leyendo  y durmiendo (ninguna de la foto somos nosotras)


Y en medio de la siesta llegaba el "encargado" a cepillarnos los pies para sacarnos la arena o a regarnos - sí, literalmente- con una regadera con agua de mar, nuestros relajados pies  .... todo ello a cambio de una propina diaria, al final de la jornada playera.


La verdad era suficiente solo estar ahí, disfrutando de la vista y el aguita... todos pasaban a vender, conversar, o promocionar algo... con los gritos de Aaaaaacai, Aaaaacai, o el grato Picoleeee, Picoleee, que nos hacía saltar en medio de la siesta ....


Los desayunos los tomábamos en el restaurante Bahiano, en el mismo hotel (incluido) y los almuerzos fresquitos en el vecino restaurante UP ... muy ondero y bien atendido, y que por lo mismo visitamos de día y de noche ...



Nos tentamos alguna tarde con helado y  Milho asado, no entendiendo como soportaba una parrilla bajo tanto calor !


También disfrutamos de las Tapiocas en versión Morro, (yo ya me había rendido en Porto de Galinhas, en tapiocas da Praia), saladas o dulces según la ocasión, pero siempre acompañadas de la sonrisa más simpática de la segunda praia.



Y para la noche siguiendo los consejos de todos (especialmente de mis amigos Guga y Michelle) a Toca do Morcego, lugar también mítico, para disfrutar relajadamente de los sunset de ensueño.


Es un lugar bellísimo, lleno de colores, y muy en la onda Chill Out.



Al llegar, el anfitrión junto con ubicarte en mesa o cojín, te asigna un numero, asociado a una cuenta de consumo: nosotras optamos por caipirinhas y caipi maracuyá, acompañados de bolitas de queso, y otros apetizzer.



Otras noches circulamos solo por nuestro sector, a través de la pasarela de madera que une desde la primera a la quinta praia, la que apenas se ponía el sol, empezaba a llenarse de coloridos mini bares, llenos de fruta y luz, Elegimos una de las noches en Sambass café también muy en la onda del lugar, con mesas en la arena para disfrutar aún más la velada.



Nuestros tres días en el paraíso playero, transcurrieron disfrutados en un 100%, comidos, bebidos y felices, llenos además de anécdotas, como el te de la Cathy (no hubo caso de encontrar un lugar donde vendan té en tazón... no los culpamos por la alta temperatura no amerita la oferta).

Paseamos recorriendo las tiendas, llenas de trajes de baño y pareos bellisimos, y recorriendo postales, pero en realidad no salimos mucho se nuestra segunda playa: la mejor opción y 100% recomendable. 




- Y antes de irnos Praia Do Forte por el día:

Otro paseo posible de hacer desde Salvador, es a Praia do Forte, que es un balneario precioso, a 70 kilómetros de la ciudad.

Nosotras conseguimos un taxi (Carlos. Tel: 71 8880-0850), que nos condujo y guió por todos lados. La verdad es que al negociar nos ofrecieron también ir a otra playa, y aceptamos, pero no valía la pena para nada, y nos hubiésemos quedado felices en Praia do Forte que es hermosísima y entretenida y me queda como pendiente para un futuro, espero que cercano.


Carlos llegó por nosotras puntual al hotel, nuestra idea de ir en taxi fue porque necesitábamos desde allí llegar al aeropuerto para trasladarnos a Río de Janeiro tipo 6 de la tarde y quedaba en el camino, por lo que nos tuvimos que ir con maleta y todo. Carlos nos preguntó si podía ir con su hijita, para aprovechar de pasear con ella y nosotras felices de tener más compañía aceptamos felices !





Llegamos al área de estacionamiento y comenzamos una apacible caminata por esta playa, llena de lindos detalles, y de apariencia, a veces caleta de pescadores, otras de balneario chic, y otras de ambiente ultrafamiliar, pero siempre dominada por naturaleza protegida, como base de avistamiento de ballenas y desove de lindas tortugas.



Nos fuimos directamente a unas de las recomendaciones más queridas de mis amigos Guga  y Michelle, el proyecto Tamar Ibama, (www.projetotamar.org.br), lugar de conservación, investigación y enseñanza respecto de 5 tipos de tortugas marinas.




Hicimos todo el recorrido delineado, que debe tardar unas dos horas, es guiado y súper didáctico, porque tiene como publico objetivo a los niños, lo que no nos impidió disfrutarlo como  tal, junto a nuestra nueva amiga..




El lugar es súper entretenido, además de tortugas pudimos ver y tocar manta rayas e impresionarnos con grandes tiburones y otras especies marinas como caracoles y estrellas.


Y obvio con  las protagonistas del lugar ...



Desde ahí y con muchas ganas de quedarnos, nos trasladamos a Guarajuba,  a través de la carretera de Coco, acercándonos  un poco más al aeropuerto. Es un playa muy bonita con cocoteros y todo, pero me quedo mil veces con Praia do Forte, y me arrepiento de haber salido de ahí.




Carlos nos instaló en la Barraca do Camilo, y se fue a bañar con la pequeña, mientras que nosotras disfrutamos del sol y el agüita y del ambiente más familiar y musical que había en esta playa, aprovechando de almorzar ahí mismo Peixe na brasa, hasta que llegó la hora de arreglarnos e irnos al aeropuerto.




Desde ahí terminamos nuestra semana inmersas en el panorama cultural, musical y playero por Salvador y sus alrededores, fascinadas de la sonoridad y los colores, y felices de haber disfrutado el relajo máximo en Morro, sin duda un destino para volver, 100% recomendable !

Next Destintion: Rio de Janeiro !






lunes, 13 de junio de 2016

Salvador. Pelourinho de Noche y día.


Esta etapa del viaje fue muy especial y bonita porque fue el primer viaje que hicimos juntas fuera de Chile, con Cathy mi mejor amiga eterna, desde la época del colegio.

El destino para esta nueva aventura fue elegido con pinza: la ciudad Patrimonio de la Humanidad declarada por UNESCO, antigua capital de Brasil antes de Rio de Janeiro (hasta donde nos dirigiríamos unos días después) y Brasilia y sede del pasado colonial portugués, pero también de la más profunda raigambre africana del país.

Nos reunimos en el aeropuerto Luis Eduardo Magalhaes, yo proveniente de Recife, donde había pasado unos días playeros llenos de sol y cariño con mi familia Pernambucana  y ella desde San Pablo y nos fuimos derechito a Pelourinho  al Bahiacafé Hotel que habíamos previamente reservado vía Booking  ( www.bahiacafehotelsalvador.com)




El hotel es precioso, en ese tiempo, estaba recién estrenando reformas y habilitando la zona de SPA. La atención fue súper buena, caracterizada por la eterna amplia sonrisa del recepcionista, que se esmeraba en darnos datos para recorrer y ayudar a encontrar la mejor señal de wifi (en el baño del primer piso) 

El desayuno (incluido) fue muy variado, pleno de frutas y jugos exquisitos, al igual que los que tenían en el bar del primer piso, un lugar muy agradable para estar y con unas caipimaracujá deliciosas.


 

Está situado justo al frente de la Plaza de Sé, muy cerca de todo.




Caminando en dirección al frente nos encontramos con un mirador precioso al lado de la Cruz Caída, donde eoncontramos jugando unos diez simpáticos monos, así que me quedé feliz viendo como comían sus bananas y viendo como la ciudad empezaba a despertar colorida y brillante bajo el sol … y el calor húmedo!






Si caminábamos hacia la izquierda, a dos cuadras estaba el Elevador Lacerda que comunica el centro histórico con la ciudad "baja", el mercado Modelo y el terminal marítimo de pasajeros y, si, en cambio, íbamos a la derecha nos comunicábamos con el centro, y el bellísimo paseo que terminaba en la Espectacular Iglesia de San Francisco 





Nuestros 4 días en la ciudad pasaron rápido, mayormente estuvimos caminando por Pelourinho, que ya en sí es un universo por si solo: la ciudad tiene una sonoridad especial, suena música todo el día y hasta tarde en la noche, pero también voces altas, siendo difícil distinguir cuando estaban molestos, cuando felices o cuando solo se comunicaban. 





La primera parada de nuestro improvisado itinerario fue el Mercado Modelo, epicentro del artesanato y de los instrumentos musicales, con cuyos sonidos ya empezábamos a familiarizarnos, para llegar ahí tomamos el ascensor y partimos (0.15 reales para subir y bajar)





Todo el mercado nos hablaba de Bahía como la antigua capital del Brasil Colonial, y mezcla perfecta de África y Portugal, sincretismo religioso y muchísima tradición.




El mercado está lleno de instrumentos musicales, que ponen el ritmo al Capoeira, también originada en estas tierras, aunque los protagonistas  de todas las lojas claramente son los amuletos: figas (mano en puño utilizada para protección), Carranca y las preciosas Penca de Balangandan, las que agrupan, para luego ser colgados en el pecho, los amuletos y otros elementos representativos de la vida de las esclavas de la época traídas desde áfrica a Brasil. 






Terminado nuestro paseo y, desde la misma vereda del ascensor, previo helado de paleta (Picolé), animadas por el intenso calor, tomamos el autobús 841 para ir a la  Igreja de Nosso Senhor do Bomfim, que data de 1754 y, que es mundialmente famosa por las cintas de miles de colores que se atan en la reja de la entrada para encomendar un deseo o buena intención.



Cuenta la historia que esta iglesia barroca fue construida como promesa de un marino portugués que en medio de una tormenta se encomendó a Jesús para que su viaje llegara a buen fin, lo que efectivamente ocurrió y de ahí viene precisamente su nombre. Así, la figura ha sido venerada por católicos y también por los esclavos, que en clave sincretismo, lo adoraban como el equivalente a Oxalá.

Nosotras habíamos comprado previamente nuestras Fitinhas de Bomfin en el mismo mercado y las atamos como manda la tradición.


Dentro de la iglesia todo brillaba en barroco dorado. Encontramos dentro de ella, una capilla tan interesante como inquietante, y es que cada persona que le hace "manda" al señor de Bonfim, luego para retribuir el favor, ofrenda una representación del órgano o miembro sanado, así, te encontrabas con decenas de piernas colgando, corazones, cerebros y hasta ojos, de cera.




En la plaza situada frebte a la iglesia, habían algunas personas vestidas con atuendos africanos que por algunos reales (o dólares), ofrecían una bendición, a nombre de Jemanjá, lanzando arroz, harina y agua con ramas secas a quien se acercara ... pensamos que nos haría mal, y ahí nos quedamos para ser bendecidas .. 



Durante nuestro recorrido estuvimos rodeadas de experiencias musicales; es que en esta ciudad todo el día suenan tambores en alguna parte, o eran ensayos (los martes son los ensayos de Olodum), o presentaciones o bandas de bar, pero siempre nos acompañaban los sones, que invitaban de una vez a pararse a bailar.



Niños y hombres, siempre al ritmo del son, y las  preciosas chicas de esta batucada de solo mujeres que justamente estaba siendo entrevistada para televisión y que nos regalaron una de las más lindas imágenes del viaje.





Continuando nuestro recorrido nos decidimos a visitar la impresionante Igreja e Convento de São Francisco, que data de 1723 y que es un icono del barroco brasilero. (Mi amiga Cathy que es arquitecta alucinó acá).

Su claustro está rodeado de hermosos azulejos de blanco azul portugués y los techos de la recepción están pintados con pinturas ilusionistas, viéndose algunos relieves, logrados solo con pincel: impresionante y para quedarse largo rato admirando.



El interior de la iglesia es todo dorado y trabajado en madera, debe ser la iglesia más decorada que he visto (incluso más que las churriguerescas mexicanas), sobresaliendo para mi gusto el altar con angelitos tallados en madera, y el púlpito  también muy dorado.








Sin perjuicio de la grandeza arquitectónica de la ciudad, el solo caminar por ella ya es suficiente panorama: se dice que hay mas de 800 mansiones y palacios pertenecientes a los antiguos hacendados y terratenientes, y que solo después de un plan de rescate se lucen ahora con sus colores de postal.


                                                   


Varias partes de la ciudad suenan conocidas al visitante por haberlas visto en televisión, no hacía falta mucho para acordarse de su más célebre habitante de la ciudad, doña Flor, desde la casa de Jorge Amado el escritor que le dio vida, junto a sus dos maridos, en el año 1966.




Otro célebre visitante Michael Jackson que con su colaboración con la escuela Olodum, revolucionó la ciudad, con el inolvidable They dont care about us.




Continuamos cerro arriba y cerro abajo nuestras caminatas, encontrándonos con varias iglesias, que le valieron a la ciudad el apodo de la "Roma Negra", todas ellas con facha colonial, como Nossa Senhora del Rosario dos Pretos, donde entramos en plena celebración de la misa, donde todos vestían elegantísimos y cantaban a todo pulmón alegres canciones.



Hacia la vereda contraria de la ciudad, de nuevo en subida encontramos con la bellísima Igreja do Carmo y la provincia Carmelitana de Santo Elias.




Y sin movernos mucho nos encontrábamos con las figuras más veneradas del Candomblé, intentando descubrir la correspondencia con los católicos.



Y en una de esas caminatas encontramos el Cafelier, con la vista más linda y el pan de queso, mas crujiente, además de la mejor atención de una señora que daba la impresión de ser la abuelita o una tía muy querida, por lo atenta que era.





Por las noches básicamente hacíamos el mismo recorrido, hurgando en lugares bonitos, con identidad, y siguiendo los sones de la música.



No se nos hizo la ciudad especialmente peligrosa, aunque había harto turista borrachito y lamentablemente muchos niños pidiendo dinero, según nos contaban para consumir crack, de nuevo preferí comprarles algo de comida y darles, aun cuando reclamaban, después se la comían igual.



Para encontrar un lugar entretenido, no había que hacer más que seguir la música y entrar, no me puedo acordar el nombre, pero lo pasamos muy bien en un lugar muy sencillo, cerca del hotel con mesitas en la calle, donde pedimos un vodka tónica y macaxeira frita, que la bajaban con un cordelito desde el segundo piso y de ahí directo a la mesa.



Encontramos harto teatro (fuera de la iglesia de san francisco), y muchísima música en la calle, por lo que la verdad, no había necesidad de entrar y quedarse en un lugar fijo.


Otra anécdota es que siguiendo la música entramos a un lugar donde estaba tocando una banda, con súper buen ritmo, y habían varios stands vendiendo caipirinhas, cervezas y jugos, así que nos sentamos felices, hasta que los "hermanos" empezaron a alzar las manos en alabanza y entendimos que era un grupo musical evangélico, pero como estaba entretenido, nos quedamos no más.



Y saliendo de ahí, y para dormir tranquilas, el mejor chocolate del mundo: Marron Marfim, donde compramos dos piezas, una para cada una, pero nos devolvimos a las dos cuadras por algunos mas, porque realmente estaba ndeliciosos.


He aquí un recorrido muy personal e intuitivo por este universo afro portugués,   que bien merece otra visita y todas las recomendaciones que pueda dar.

Desde acá nos moveríamos los días siguientes a Praia do Forte y Morro do Sao Paulo, la próxima entrada… Re la jo jo jo !!!