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domingo, 2 de marzo de 2014

Día 12: Mercado Flotante Dumnoen Saduak, Río Kwai y visita al Templo de los Tigres. Noche en Patpong.


El despertar en Riva Surya Hotel fue al alba, la idea era estar listas  a las 07:00 A.M, hora en que nos iba a recoger nuestro guía, al que contratamos en la misma recepción por un poco mas de 350 US, por ambas, en tour privado, porque la jornada era larguísima (Damnoen Saduak Floating Market, Tiger Temple y Puente sobre el río Kwai)y no nos quisimos arriesgar a la incomodidad de un grupo tan grande.

El desayuno lo solucionamos en el vecino Seven Eleven donde compramos jugos, agua y galletas para el viaje, cuya primera etapa contemplaba 1 hora de carretera, con la típica parada turística, donde encontramos varias piezas interesantes de artesanía en coco (unas tazas preciosas) y un orquidiario multicolor perfecto.



Anduvimos otro trecho más cortito y llegamos a un embarcadero de Long Boat, donde nos subimos las dos y nuestro guía Chat, que era un poco fome la verdad.




Transitamos a toda velocidad por canales de agua de color café, en cuyo derredor crecían hectáreas de palmeras, mangos, bananas, pomelos chinos y otras frutas y se encontraban repartidas algunas casas, algunas de ellas con las típicas casitas para los espíritus que tanto me gustaron.



Luego entramos a un área más residencial, donde todo funcionaba en tiempo real, allegándonos al área del mercado, turístico al máximo ... con embotellamiento incluido.


Descendimos del long boat para subirnos a un bote a remo, con el que visitaríamos el área más turística (dentro de lo ya turístico) del Dumnoen Saduak Floating Market.





Recorrimos los estrechos canales a un paso muy lento para no perdernos detalles de las tiendas de souvenir a buenos precios, a pesar de todo.

El proceder: uno veía algo de lejos y hacia una seña a la "conductora", a su vez, ella voceaba a la vendedora, quien agarraba el bote con un gancho para fijarlo a la orilla de su tienda y mostrar los productos con más detalles.


 
Anduvimos como 30 minutos a ritmo tranquilo  cruzándonos con varios turistas, profesionales algunos, vestidos incluso todos iguales.


… y también encontramos a varias mujeres que vendían sus mercaderías coquetamente dispuestas, mayormente frutas.



Casi terminado el trayecto y luego de pasar nuevamente por el embotellamiento. llegamos al muelle que también servia como una gran marquesina para observar el transito non stop del lugar ...



Ahí tuvimos un tiempo para ver una parte mas “real” del mercado, quedando encantada con los puestos de comida flotantes, donde las mujeres al calor de sus cocinillas preparaban y ofrecían sus platos especialidades.



Chat nos animó a probar los platos, deleitándonos con unos dulces de coco frito, entregados graciosamente sobre hojas de plátano, a través de una canastita, con la que además pagamos y nos entregaron el vuelto, regalándonos además la vendedora una sonrisa de esas inolvidables.



Nos quedamos en la pasarela recogiendo postales y admirando el transito de cientos de embarcaciones, e intentando imaginar como sería la imagen antes del imperio del turismo masivo.




Chat nos reunió, aprovechamos de sacar las últimas fotos y partimos a buscar nuestro auto para ir al siguiente destino, al que fuimos solo porque estaba incluido en el trayecto, pero que resultó igualmente interesante y sorprendente. 




Recorrimos el trecho en carretera durmiendo, y llegamos al  Museo de la Guerra "JEATH" , así nombrado por las primeras letras de los países de origen de los prisioneros de guerra que participaron  en la construcción de las líneas de ferrocarril que uniría Tailandia con Birmania, provenientes de Japón, England, América, Australia, Tailandia y Holanda.




Dentro de este museo, que emula las instalaciones  de madera con techo de  paja  donde vivieron los prisioneros, encontramos registros de prensa, fotografías, mapas y un misil antiguo de la época de la construcccion.


La construcción de este puente inspiró la novela y más tarde la película de David Lean, famosa por su banda sonora del silbido inolvidable.

La historia que nos contó Chat se remontaba a 1942, en el auge de la guerra mundial, cuando los japoneses dominaban completamente el  sudeste asiático y necesitaron una vía rápida entre Rangoon y Bangkok para evitar la larga travesía por el estrecho de Malasia y el mar de Andamán, se les hizo  necesario levantar a toda velocidad una línea del tren que mantuviera comunicado los nuevos dominios.



El tiempo original de construccion proyectado por técnicos a cargo fue 2 años, pero el mando militar lo redujo en un tercio, por razones estratégicas y obligaron a los prisioneros de guerra a trabajar hasta 18 horas diarias, bajo el calor y la humedad de la selva, para ganarle espacio a las rocas.

Los esclavos también fueron afectados por enfermedades como la malaria y el cólera, sufriendo además desnutrición y accidentes por las pésimas condiciones de trabajo. El saldo más de 100.000 personas le valió el apodo de “ferrocarril de la muerte”.




Después de tan triste visita y después de visitar un templo Budista presidido por un gran Buda a caballo, recorrimos los 4 kilómetros que nos separaban de la ciudad Kanchanaburi y del puente, que no es el verdadero, ni siquiera su verdadera ubicación.


Almorzamos a la orilla del río, un bufete muy variado, con la mejor vista del puente y del transito de un tren turístico chiquito, que a mi gusto, le quita toda dignidad a los hechos históricos tan dolorosos.



Retomamos el trayecto, para ser conducidas al highlight del día: el Templo de los Tigres o Wat Pha Luang Ta Bua, que es un templo budista, fundado en 1994, famoso por sus célebres habitantes, que viven en estrecha comunidad con los monjes.

Ingresando al sitio se paga la entrada (incluida para nosotras) y pasamos por revisión de código de vestuario, la que esta vez pasamos.


Debo decir que con esta visita pasé por todos los estados de animo, desde la alegría infantil y emoción por estar tocando a un animal tan perfecto, algo de susto por están tan cerca de ellos y también tristeza por lo que supone el rumor que están drogados para acercarlo a los visitantes, que es en sí una fea forma de explotación,

Yo había visto la experiencia en televisión, en que las personas los alimentaban y algunos paseaban a los tigres amarrados, y hasta los acompañaban a bañarse, pero el “safari fotográfico” no lo había visto.


Nos cuentan los voluntarios respecto del sitio que en el año 1999, trajeron un cachorro de tigre huérfano al templo, para que fuera cuidado por los monjes, llegando después de su muerte otros cachorros solos, que también fueron criados y conservados por ellos.

Una vez que llegamos a una explanada de tierra con una laguna nos explican que hay dos modalidades para la vista, la gratuita que incluye cinco fotografías con los tigres ubicandose por detrás, y la pagada por 20 US que incluye la posibilidad de tocarlos, sentarse a su lado y apoyar su cabeza en las piernas.

La instrucción era sacarse todo lo brillante, lentes, joyas, ropa de colores vivos, dejar los bolsos afuera y entregar las cámaras de foto al voluntario que te era asignado y con el que debías caminar de la mano en todo momento.


Cada voluntario, oficiaba de lazarillo y fotógrafo, instruyendo como poner las piernas,  como afirmar el cuello del animalito, sacando a la vez fotos como enajenado.


El primer contacto con un tigre ha de ser una de las cosas mas lindas que he vivido; estaba feliz como niña, y me inundó una tremenda emoción, el tigre era suave y calientito y respiraba muy acompasado tranquilo.

Los voluntarios nos juntaban a veces con mi amiga Mariela para que posáramos juntas  y otras nos separaban.

Después pasamos igual a sacarnos la ronda gratuita y nos despedimos felices, aunque desconfiadas sobre qué le daban a los tigres para tenerlos tan tranquilos, pensamos que no todos estaban emparrillados, porque habían algunos despiertos y efectivamente el que estaba sentado al lado del monje estaba muy despierto interactuando con él, pero nosotras por ser mujeres no podíamos ir a sentarnos a su lado.
Luego caminamos por el resto del lugar donde visitamos a unos tigres pequeñitos a los que estaban alimentando a esa hora. (Se puede reservar para alimentar y bañar a los tigres, pero en los horarios de la mañana). Ahí las voluntarias nos “regalaron” un disco con fotos y un collar con un tigre tallado en madera muy bonito como recuerdo de nuestra visita.



Caminamos de regreso a nuestro auto, bajo el calor, acompañando a un compatriota accidentado en moto en una de las islas, que intentaba hacer la visita con muletas, intercambiando experiencias y acogiendo sus consejos, que incluían obviamente no andar en moto.


Después que regresamos a casa me puse a investigar un poco mas y encontré de todo, desde documental Nat Geo que elogia el trabajo de los monjes, a documentales que registraban más rumores de drogas y la denuncia de Care for the Wild, que imputa trafico ilegal de especie protegida, habidas las desapariciones de varios tigres y su remplazo por otros… 

… habiendo visitado el lugar, no puedo recomendar que vayan o no, sean animalistas o no, sino que se informen y lean, para que cada uno se haga su propia idea y desde ahí tome la decisión que estime más coherente con la forma de ver la vida, yo no me siento culpable, pero creo que fui algo naif en no representarme que el lugar puede esconder explotación ...

Finalizada la visita y luego de la parada obvia para souvenir (hasta los magnetos eran feos) transitamos de regreso los 130 kilómetros que nos separaban de Bangkok en poco mas de tres horas, considerando el atochamiento infernal de la ciudad.



Después del lógico descanso en el hotel., nos sacamos la  tierra de nuestro cuerpo y ropita y partimos nuevamente a caminar por Khaosan Road, disfrutando de la escena movida y bulliciosa de este típico barrio de juerga, comercio y también masajes, y decidimos movernos, aprovechando que no era tarde, en taxi rosado al área comercial de Silom.

Llegamos al Mercado nocturno de Patpong, que es una calle pequeñita entre dos grandes avenidas, donde además de establecerse varios puestos vendiendo mayormente imitaciones de ropa, carteras,  audífonos y joyas,  funcionan varios night club, los cuales a plena puerta abierta exhiben a las chiquillas en bikini bailando en el caño, para atraer al turista sexual … la pena de ello, es que las niñas no deben haber alcanzado los 16 años y tenían la mirada más perdida que los tigres de la tarde.

Los tipos en la calle representantes de cada bar ofrecían sus servicios en un menú como si  fueran cocktails, incluyendo el famoso baile ping pong, en que la chiquilla arroja las pelotitas, se imaginaran desde donde...

Caminamos después de arrasar con Narayan- una tienda hermosa de artículos de genero, para guardar de todos, muy barato,  revisamos los otros locales, encontrando buenas gangas en souvenir (palitos para comer hechos en madera de rosal) y ropa muy linda y barata, por ejemplo los vestidos no costaban mas de 6 dólares y los pantalones 8 dólares, según la propia capacidad de negociación.  

Regresamos una vez rastreado el mercado, en taxi a nuestro barrio, y como estaban aún tocando música en nuestro bar vecino Good Story Bangkok que a esa altura ya era nuestro favorito, nos quedamos a disfrutar un Mojito, bromeando nuevamente los músicos con La Bamba, en honor a nuestro idioma.


Ya cansadas, y teniendo como tarea pendiente  separar la ropa (para dejar algo en custodia del hotel) y armar un bolso pequeño para la aventura playera que iniciaba al día siguiente, nos despedimos con un hasta pronto (regresábamos en 10 días mas)  y nos devolvimos al hotel, muy felices, pero agotadas!
  

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