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martes, 15 de julio de 2014

Dia 25 a 28: 4 días en el imperio Fluor de Koh Panghan. (Con Full Moon Party)

Terminado nuestro alargado desayuno copioso en el Hotel Coral Grand Resort en Koh Tao, nos esperaba la camioneta que en forma gratuita nos llevaría al puerto, para abordar nuestro ferry a Koh Pangan.

Cruzamos raudos la porción del Golfo de Tailandia que nos separaba de nuestro siguiente destino, con tanto movimiento como de ida. Desembarcamos en el puerto de Kho Pangan, situado en la porción más poblada de la isla Thongsala.

Ahí mismo abordamos una van que nos llevara al sector de Baan Kai, donde estaba situado el hotel que reservamos con varios meses de anticipación, vía www.booking,com, (el único), porque en esta isla que gira alrededor del ciclo de la luna fiestera, los días previos y posteriores al Full Moon los alojamientos están repletos.


Llegamos al Bay Lounge Resort, donde nos recibió una cuesta infernal, que seríamos incapaces de subir caminando (aunque bajar con maleta con ruedas, también supuso toda una aventura). La cuesta no fue un problema en nuestra estadía eso sí porque el traslado a Haad Rin (sector más fiestero) lo proporcionaba el mismo hotel, sólo había que avisar en recepción unos 20 minutos antes.

Una vez ubicadas, Nana, la más amorosa de las recepcionistas del mundo, nos agasajó con un shake de leche con plátano frozen exquisito, mientras esperábamos que la cabañita estuviera lista, y se arreglara una descoordinación con la reserva, que se resolvió muy a nuestro favor, indicándonos además las bondades del hotel y de la isla, y dibujando un itinerario posible y que permitiera la asistencia en las mejores condiciones al Full Moon Party que sería la noche siguiente.



La estadía en la isla fue bastante placentera y tranquila ( la canción que más representó esta porción es "no se ni que día es hoy…" de los Cadillacs con Celia) y básicamente transcurrió en el hotel, que contaba con una terraza espectacular, playita privada, piscina sin fin y un columpio.

Aquí va mi recorrido personal por el imperio flúor, resumido en 5 hitos:

1.- Hotel, Hotel, Hotel:

Además del temor de salir subiendo la cuesta infernal, el hotel tenia de todo para que uno se quisiera quedar en un arresto auto impuesto: la playa estaba a un paso y el agua estaba a una temperatura exquisita a cualquier hora.



Pasé el día leyendo y escribiendo, maravillada con el cambio de colores de la escena a medida de variaba la luz del sol o se nublaba.


Cada día nos brindaban un desayuno sencillo, pero copioso con tres opciones: fruta, french toast u omelette, y al final, como nos tenían cariño dos o mas de la misma opción, más el café y la buena conversa de Nana, quien se acercaba siempre a preguntar nuestras impresiones, curiosa sobre qué es lo que escribía tanto en mi libreta.



Uno de los sitios en que mas me gustaba estar era el deck de la piscina, donde me pase columpiando como niña la mayor parte de la tarde, tratando de terminar  un libro fome que cargue por todas las islas y dejé ahí de regalo, por tener un final tan malo.






Otra porción  remarcable del hotel era el área lounge que estaba estupendamente bien decorada en tonos morados y plateados, con mesa de pool, y mesitas de madera afuera a la orilla de un pasaje con palmeras, donde me sentaba a escuchar música Chill Out, escribir, tomar un trago (Nana nos dio unos free drinks por el error en la reserva) o simplemente ver el mundo pasar.

 

2.- Paseo en Elefante:

Una turistada de la A a la Z sí, pero que disfruté como niña …

Nana, reservó para mi el paseo y me pasaron a buscar en una camioneta tipo 10 de la mañana; atravesamos la carretera hacia el interior de la isla, donde el paisaje cambió completamente y se puso verde, verde, de cien tonalidades diferentes.

Una vez en el sitio, pagué los 800 baths, por el paseo largo y me subí a una torre de Bamboo, donde me “pasó a buscar” mi elefante, que venía de sumergirse en una pequeña laguna regada de flores de loto.





Paseamos una hora más o menos, en un recorrido definido, entre medio de una selva. Mi elefante se detenía a cada momento, a comer cocos, los que primero pisaba, pelaba con la trompa y engullía con maestría, yéndose luego a las ramas, para cambiar el sabor.




Mi guía me animaba a salirme de la silla y montar directamente desde el cuello del elefante, lo que fue muy entretenido a pesar de dificultar al máximo el equilibrio, por lo que ñoñamente debí volver al palanquín.


Mi sorpresa fue máxima cuando ya recorrida una buena distancia y casi llegando al punto de partida, el elefante se fue directo a la laguna, conmigo arriba y se refrescó caminando (o nadando, nunca supe) para dejarme en la torre… fue un momento súper lindo ese, estar entre medio de los lotos, abriéndonos paso con el elefantito …


Una vez abajo, saludé a los monos y me regalaron plátanos para dar de comer a un elefante mas pequeño que estaba ahí, mientas esperaba que volviera la camioneta, lo que nunca ocurrió. Finalmente todo resultó estupendo porque me llevaron en motoneta volando por los caminos, así que pedí que me dejaran en el puerto para ver que había.


 



3.- De compras por Thongsala:

Después de 15 minutos de raudo viaje en motoneta, llegué al corazón de Thongsala, el poblado más grande de la isla.

Me dediqué a pasear por el área más comercial, ingresando en cada galería, donde estaban las ya típicas poleras del bigote o el omnipresente estampado “same, same”, como también las de Red Bull, haciendo gala de su origen Thai.


Mención aparte vale el mercado del pueblo, un sitio muy movido, lleno de parrillas y locales más establecidos donde ardían Snaps, pollos y toda clase de manjares.



Encontré un puesto donde probé el Pad Thai más rico del viaje, preparado por un simpatico joven, ahí delante de mis ojos: salteó en un wok gigante fideos de arroz, lemongrass, tofu, huevo revuelto, fish suace, tamarindo y castañas de caju molidas, y lo mejor muy barato.





Compré además en el mercado contiguo el producto estrella de la zona, que es aceite de coco, para cocinar y para el cuerpo, sobre todo para el pelo, muy recomendable.

Para regresar al hotel sólo tuve que esperar una de las camionetas de trasporte colectivo y bajarme en la mitad del camino a Haad Rin, para bajar la cuesta infernal y retomar la vida apacible de Bay Lounge Resort.

4.- De día por Haad Rin:

Nana hizo cada vez los arreglos para la camioneta para que nos llevara a Haad Rin, distante a unos 10 minutos. El conductor nos dejaba en la orilla de la playa, y nosotras caminamos hacia el lado contrario (otra orilla de la playa), por calles bien comerciales, donde comenzaba lentamente a internarme en el imperio del flúor, como titulé la entrada, porque absolutamente todo el comercio gira en torno a la Full Moon Party, y al rosado, verde, amarillo y naranjo neón omni presente en todo el balneario.


El día de Full Moon Party mandatoriamente debimos ir a buscar indumentaria ad hoc, la que debía incluir obviamente una polera, short o vestido flúor, una parte del cuerpo pintado (con flúor) y un bucket con cualquier destilado y energética.



Yo solo accedí a flores para el pelo (flúor) y una manicure en el fucsia más chillón que encontré, obviamente seguido de una masaje de “relajación” Thai, como ya de costumbre, por 3 y 8 dólares respectivamente.

Almorzamos en Monnalisa, un restaurante italiano abierto, muy rico, cuyo encargado, enterado de todo el quehacer de la isla nos recomendaba las pool party de los días venideros… es que en Koh Pangan la fiesta no acaba.


Después de una rica pizza y ensalada Caprese, caminamos a la playa que es preciosa, aun cuando algo movida para lo que estábamos acostumbradas, sobre todo en nuestro hotel, donde era una verdadera piscina.



Regresamos al hotel desde el punto de partida, abordando la camioneta-colectiva, no sin antes encontrarnos con quienes apostamos no llegarían a la noche… es increíble la cantidad de alcohol que se toma en esta isla, incluso ni recién terminado el almuerzo, ya habían borrachitos botados en la playa y estos modelitos que hasta nos regalaron un "cara pálida"




5.- De noche por Haad Rin:

Y llegamos al objetivo de esta visita… cerca de las 11:00 de la noche del día de la luna llena, la camioneta del hotel nos pasó a recoger, antes, desde las 3 de la tarde hubo música Chill Out y Drum and Bass en en lounge, incluyendo varios DJs pinchando en vivo.


Llegamos a Haad Rin, donde luego de pagar algunos Baths no recuerdo cuantos, ingresamos a la calle principal, que estaba repleta.

Unos consejos para sobrevivir la locura fluor



La mítica Full Moon Party por la que todos peregrinamos a Pangan se inicio allá por los años 80, cuando siendo la isla muy muy solitaria, se reunieron algunos turistas y armaron la fiesta celebrando la vida y la suerte de estar ahí … con los años fue tomando fama, arrastrando en la actualidad más de 20.000 personas quienes al vibran al multi son techno, trance, limbo, hasta la danza Kuduro y alrededor del fuego, brincan y bailan, tal como en Babel.

Antes de ir a la arena, pasamos por una breve pintura flúor: yo elegí unas flores para el brazo, por 120 baths, y mi artista muy amorosa, me dejó de lo más para ingresar a la fiesta.



Entramos y caminamos por la playa, a la cual no dejaba de llegar gente, incluso desde Koh Samui y otras partes de la isla. En  la medida de íbamos caminando iba cambiando el ritmo y nos encontrábamos cada vez con mas borrachitos, con su bucket en la mano, como lo manda la fiesta (podía ser de vodka, ron ó Jägermeister, más Coca Cola, Red Bull y mucho hielo)


La verdad yo decidí pasar con el Bucket, primero, porque estoy más que segura que era reciclado, y vi a más de uno vomitando en él, y dos, porque encontrar un baño decente en esas condiciones iba a ser una empresa imposible, así que me limite al simple Smirnoff Ice.

Conversamos con todo quien se acercó, mayormente Israelies de vacaciones, comerciantes Thai que nos invitaban animados a sus tiendas y a este grupo de guapos españoles que segun ellos se lamentaban, nadie les había hecho caso. Nosotras incredulas los inmortalizamos con sus tenidas fiesteras ...


Avanzada ya la noche, no podía estar ausente el fuego, que se representaba en la playa y en el cielo, al ritmo de lo fuegos artificiales, y de un gran letrero “Full Moon Party Haad Rin Ko Phangan” que empezó  a arder de improviso frente a los enfervorizados asistentes.



Pasamos antes de despedirnos como la noche anterior al Cactus Bar, uno de los más multitudinarios bares cerrados, que tenía fiesta fuera y dentro, al ritmo non stop de David Guetta y Sia.


Después de haber bailado, saltado y también maravillado con el espectáculo de la luna, el fluor y la música, regresamos, previa parada para comer algo rápido, abordando la camioneta colectiva, que también era como Babel, una croata perdida, dos alemanes y nosotras dos chilenas, con la pintura corporal ya un poco dañada por el calor y un poco cansadas, bajando la cuesta infernal para descansar nuestra ultima noche en el paraíso flúor.

De regreso a Bangkok.

No sin antes presentar la cuesta infernal ...

 


 



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